La mayoría de vosotros, por no decir todos, no sabéis quién fue y eso es una auténtica desgracia. Pero no os preocupéis porque vuestro profesor de reli os va a echar una mano para que remediéis semejante vacío cultural.
Bebo Valdés nació en Cuba hace 94 años y encontró su elemento en el piano. Aprendió a tocar el piano por sí mismo y empezó a tocar con algunos músicos en la Cuba de los años 40 siendo todavía muy joven. Poco a poco llegó a lo más alto y durante mucho tiempo fue, junto con su orquesta, dueño y señor de las noches del Tropicana. En el enlace podéis ver lo que hoy en día es el Club Tropicana; pues bien, no es ni sombra de lo que este club representó en los años 50. Para que os hagáis una idea era un club tan importante que los grandes músicos de la época dorada del jazz norteamericano (Charlie Parker, Ben Webster, Dizzy Gillespie,...) acudían para empaparse y aprender ritmos y sones nuevos de músicos como Bebo o Tito Puente que sonaban allí. Además de ello era una sala de fiestas a la que acudían muchos norteamericanos a divertirse, a jugar, bailar ritmos cubanos, beber, en definitiva a pasarlo bien (tened en cuenta que entonces la ciudad de Las Vegas apenas era un par de casinos en el desierto). Estamos hablando de la época anterior a Fidel Castro, cuando Cuba era un aliado en el Caribe de EE.UU.
Cuando llegó Fidel tras la revolución cubana, Bebo, que nunca había tenido nada que ver con la política abandonó la isla y marchó a Europa. Por aquí estuvo de gira hasta que pasando por Estocolmo, se enamoró y allí se quedó. Su trabajo desde entones y durante casi 40 años fue amenizar con su piano las cenas de los señores que iban a cenar al restaurante del hotel donde él tocaba. Seguramente nadie sabía que ese señor negro, alto y grande, callado y con unas manos primorosas era uno de los más grandes, sino el que más, pianistas de jazz cubanos de todos los tiempos. Todo ese tiempo estuvo separado de su madre y de su hijo (Chucho Valdés, también músico y pianista como él) porque las autoridades cubanas ya no le dejaron volver a entrar en el país. ¿Os imagináis renunciar a una carrera de músico profesional con la que podiáis haber ganado mucho dinero simplemente por amor? Para poneros un ejemplo: ¿os imagináis que Messi o Ronaldo dejan el Barça o el Madrid y se vienen a jugar al Sueca porque se han enamorado de una chica de aquí? Pues algo parecido hizo Bebo. ¡Un cubano en Estocolmo durante 40 años!
Pero al final la vida pone a cada uno en su lugar. En el año 1994 otro gran músico cubano de jazz, Paquito D'Rivera, se acuerda de Bebo y le propone grabar un disco, "Bebo Rides Again" (Bebo cabalga de nuevo). A partir de ahí vuelve a ser mundialmente reconocido porque Fernando Trueba (preguntar a vuestro compañero Joan Mital quién es) se encarga de darle protagonismo en alguna película y de producir algún disco de él; fruto de esa colaboración fue su aparición en la película Calle 54 (con su hijo Chucho) y la magnífica película de animación Chico y Rita en la que otra vez humildemente la música de Bebo nos ayuda a degustar siquiera un poco del el ambiente de una ciudad, La Habana, que él conoció tan bien y que a pesar de su enfermedad todavía recordaba.
A principios de este siglo grabó un disco con un cantaor de flamenco, Diego El Cigala. Teníais que haberlos visto en el escenario: Bebo estaba más pendiente de que El Cigala se luciera que de él mismo: la humildad, otra vez. Yo tuve la suerte de verlos y os aseguro que durante 1 hora y media su música me inundaba el corazón de sus sones cubanos, su música me transportaba a lugares de mi corazón que pensaba olvidados, su música transmitía una ternura y un ritmo que provocaba que todos aquellos que salíamos de la sala no lo hiciéramos igual que como habíamos entrado. Los últimos años de su vida los pasó en España, creo que en Benalmádena, Málaga. Siempre hay tiempo de acercarse a un tipo de música muy diferente de la que normalmente oís y ésta que os ofrezco puede resultar interesante. Disfrutad del gran Bebo Valdés y de Diego El Cigala y si después de escucharles no sentís algo diferente en vuestro corazón, hacéroslo ver, queridos.
Un beso.